El hombre y la sensación de inferioridad

“En el mundo físico el hombre era más grande, más fuerte y mucho más potente que la mujer pero en el pavoroso mundo de las fuerzas invisibles, la mujer estaba dotada de mayor poder potencial. Los hombres creían que la forma física de las mujeres, más pequeña y débil, que les permitía dominarlas, era un equilibrio compensador, y que no se debía permitir a ninguna mujer percatarse de su propio potencial, porque entonces el equilibrio se trastornaría. Era apartada de una plena participación en la vida espiritual del clan para que siguiera ignorando la potencia que la energía vital la otorgaba.
Los hombres jóvenes eran advertidos desde su primera ceremonia de virilidad de las funestas consecuencias que podría tener el que una mujer vislumbrara siquiera los ritos esotéricos de los hombres, y se contaban leyendas de un tiempo en que las mujeres eran quienes controlaban la magia para interceder ante el mundo de los espíritus. Los hombres les habían quitado la magia, pero no su potencial. Muchos jóvenes miraban a las mujeres de una manera distinta tan pronto como se enteraban de tales posibilidades; asumían sus responsabilidades masculinas con gran seriedad. Una mujer debía ser protegida, mantenida y dominada por completo, pues, de lo contrario, el delicado equilibrio entre fuerzas físicas y espirituales se quebrantaría, y la existencia continuada del clan quedaría destruida.”
Esto es un extracto de la novela de Jean M. Auel, “El clan del oso cavernario”, libro que recomiendo fervientemente en el que se retrata la vida de nuestros antepasados hará unos 30.000 años con rigor científico y mucha imaginación.
Pero este post no es una crítica literaria en absoluto, solo es una reflexión que tenido mientras disfrutaba de la lectura y que me ha dado mucho que pensar acerca de cómo se ha ido organizando nuestra sociedad en lo que a la diferencia de sexos se refiere.
En el caso de la mujer, ha sido el hombre quien ha tratado de sobreponerse a ella, de dominarla, de menospreciarla y todo con el único propósito de no sentirse inferior (cuando así se ve él mismo). Esto, personalmente, lo considero uno de esos razonamientos totalmente ilógicos y contra natura propios de la raza humana. En lugar de aprovechar las sinergias existentes entre ambos sexos, cada uno con sus capacidades y habilidades superiores a las del contrario, uno se dedica a minar la confianza del otro para que no pueda desarrollar su propio potencial y, con ello, evitar el sentimiento de inferioridad que no es, en absoluto, negativo pues sirve como verdadero motor en el camino de la superación.
Mientras el hombre no trabaje como un verdadero equipo con la mujer, ninguno de los dos podrá alcanzar verdaderamente todo su potencial, el cual considero muy elevado, y, en ese proceso cambiar las doctrinas que rigen nuestra sociedad.
Desgraciadamente, esto ocurre del mismo modo al nivel de las más altas esferas que dirigen los países en los que hemos cuarteado este planeta del que nos consideramos, erróneamente, propietarios: no se toman las decisiones para evolucionar y mejorar cada uno en su unidad, sino para evitar o controlar que los “de abajo” hagan lo propio. E igualmente nos comportamos con la Pacha Mama: intentamos controlarla, manipularla, herirla de muerte si es necesario y todo ello con el único propósito de no reconocer nuestra total inferioridad ante ella que no es otra cosa que la más simple de todas las realidades.
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Categorías: sociedad | Etiquetas: , , , | 5 comentarios

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5 pensamientos en “El hombre y la sensación de inferioridad

  1. Muy bueno el post. Me ha recordado un montón a uno de mis libros favoritos que me clarificó muchas cosas cuando lo leí y al que he recurrido muchas veces, "El segundo sexo" de Simone de Beauvoir. Tu reflexión es muy interesante y enlaza perfectamente con algo sobre lo que esta mujer escribió muchísimo y que son las relaciones de género (más que las diferencias de sexos). Está claro que las relaciones de género siempre han estado marcadas por la superioridad de los hombres sobre las mujeres, en muchas sociedades este sometimiento situó a las mujeres en el mismo nivel que los esclavos. En el párrafo que señalas, el autor habla de un tema, para mí, interesantísimo, la identificación de la mujer con las fuerzas misteriosas de la naturaleza y el potencial que ello implica. Beauvoir trata este tema respecto a las relaciones hombre-mujer con una analogía que a mi me pareció muy curiosa "Así, desde el día en que la agricultura cesa de ser una operación esencialmente mágica y se convierte primordialmente en un trabajo creador, el hombre se descubre como fuerza generatriz; reivindica a sus hijos al mismo tiempo que sus cosechas". Lo que viene a decir básicamente es que en el momento en el que el hombre domina el arado pretenda dominar, a la tierra, sus frutos y la mujer como encarnación de la divinidad natural, el Maná, la Tierra (existen muchos dibujos prehistóricos que asimilan el arado a un falo y los surcos de la tierra a lo femenino con lo que la penetración del arado en la tierra seria una representación del acto sexual). Pero con lo que quiero quedarme de tu texto es con la superación de estas relaciones de superioridad-inferioridad y con la lógica de que si no minusvaloramos a nadie, ese grupo podrá desarrollarse y enriquecer al otro. De la suma de nuestras relaciones y no de la lucha es desde el único presupuesto a partir del cual podemos avanzar hacia algún sitio mejor.Y si esto lo trasladamos a la Pacha el resultado del examen es obvio, si nos dedicamos a dominar y destruir lo que ni es nuestro, ni nos pertenece solo porque no lo entendemos o porque así nos sentimos más dueños de nuestros destinos, acabaremos destruyéndonos a nosotros mismos.Espero que nos demos cuenta de una vez, después de tantos milenios equivocándonos que lo único que es realmente eficiente como especie es la colaboración, entre nosotros y con la tierra. Y que además de asegurar nuestra existencia es mucho más agradable. Donde vas a parar.

  2. Muchísimas gracias por tu comentario Meri, es realmente enriquecedor.Estoy totalmente de acuerdo con todo lo que aportas a nivel de opinión y el apunte bibliográfico no hace más que refrendar aquello que dices a la vez que estimula mi reflexión en este aspecto.Nunca me he considerado muy versado en eso que más acertadamente que yo denominas relaciones de género pues es algo que siempre he entendido de una manera natural (creo que el criarme en una familia de cinco miembros en la que tres eran mujeres, me ha hecho tener siempre una visión de conjunto, de suma de partes, de equipo).Has despertado en mi la curiosidad por leer a Simone de Beauvoir, escritora de la que conocía su trascendencia en este campo pero que nunca me decidí a leer, incluso teniendo el libro que comentas en la biblioteca de mis padres desde antes de llegar a este mundo.De nuevo te doy las gracias por todo lo aportado y te invito a comentar todo aquello que encuentres en este blog de tu interés.Saludos.

  3. Grata sorpresa encontraros a los dos mano a mano cambiando impresiones en este eterno y maravilloso conflicto hombre-mujer.

    • Pues más grato es para mí encontrarte por estos lares. Estás más que invitada a aportar tu comentario a este complejo asunto. Creo a que los lectores les encantará leer tu opinión al respecto.
      Saludos.

  4. Estoy muy de acuerdo con Mery y contigo, la colaboración hombre mujer es fundamental, y el respeto también…. las diferencias entre los dos que sean únicamente para ayudarnos a crecer y complementarnos. Besos a los dos.

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